Por: Hna Concepción Agreda Buesaquillo

La llegada del Tríptico Eucarístico y la reliquia de primer grado de la Beata Madre Caridad Brader a Puerto Asís, Putumayo, se convirtió en un verdadero oasis espiritual. Las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada junto el párroco, las directivas de la Institución Educativa Ciudad de Asís, el comité Pastoral, organizaron estas jornadas en preparación para los 100 años de Adoración Perpetua (1928-2028), transformando la Parroquia San Francisco de Asís en una maravillosa experiencia de fe. Durante cuatro días intensos, niños, jóvenes y adultos provenientes de distintas parroquias se unieron para redescubrir que la Eucaristía no es solo un rito dominical, sino el motor que puede transformar la vida cotidiana y sanar el tejido social de una región sedienta de paz.

El corazón del encuentro fue entender la vida a través de la hermosa metáfora del grano de trigo, un elemento central en las predicaciones. Los fieles reflexionaron sobre cómo una semilla pequeña y silenciosa debe aceptar caer en la tierra, romperse y desaparecer para poder dar fruto y convertirse en pan. A la luz de esta enseñanza, se invitó a la comunidad a no vivir encerrada en el egoísmo, sino a desgastarse con amor por los demás. La adoración ante el Santísimo se convirtió en la respuesta humana al doloroso clamor de San Francisco de Asís, quien recordaba con tristeza que "el Amor no es amado".

Con una pedagogía profunda pero accesible para todos, las temáticas abordaron con realismo las debilidades del ser humano usando la parábola del trigo y la cizaña. Se explicó que en el corazón de cada persona conviven las ganas de hacer el bien con los miedos, las heridas y los errores. La gran lección predicada fue la paciencia infinita de Dios, quien no nos arranca ni nos castiga por nuestras imperfecciones, sino que acompaña con ternura nuestro proceso de conversión. Bajo el lema de la Madre Caridad, "Adorar para amar, amar para sanar, sanar para reparar", la comunidad entendió que para dar fruto bueno hay que limpiar el alma.

El momento de mayor impacto espiritual se vivió cuando la teoría se transformó en una experiencia práctica de sanación interior. A través de dinámicas muy sencillas, los asistentes hicieron un examen de conciencia profundo utilizando los signos del espejo, la piedra y el agua para mirar sus vidas en verdad, nombrar lo que les pesaba y entregárselo al Señor. Se motivó a la práctica de Sacramento de la Reconciliación, donde se revive el misterio del Hijo Pródigo: un pueblo que regresa a casa y un Padre Dios que no pide explicaciones, sino que ofrece un abrazo que restaura la dignidad.

Más allá de la emoción de estos días, el fruto más grande que se desea cosechar tras esta bendecida peregrinación es un aumento profundo en el amor a Jesús Eucaristía dentro de cada hogar. El gran anhelo de la comunidad y de las hermanas franciscanas es conformar un grupo sólido de adoradores eucarísticos apasionados, que asuman el compromiso de custodiar y acompañar al Señor. De manera muy especial, se busca que este despertar espiritual se refleje en una mayor participación de los fieles en la adoración al Santísimo Sacramento los días jueves en cada parroquia, devolviéndole a este día sagrado su lugar como el corazón orante del pueblo.

La peregrinación física culminó con una Solemne Eucaristía y emotivas palabras de despedidas a la Madre Caridad de parte de la Hna. Elvia quien invitó a continuar a los pies de Jesús Eucaristía quien es el centro de nuestras vidas.Sin embargo, el verdadero "puerto" de llegada fue el corazón reconciliado de cada creyente. La comunidad entendió que haber sido perdonados y sanados los hace ahora responsables de construir una "fraternidad que sana", expresada en gestos reales como mirarse a los ojos, romper el chisme y abrazar al hermano. Puerto Asís despidió los signos sagrados que pasaron a la fraternidad de Mocoa, pero se quedó con la firme promesa de ser trigo bueno y pan partido para alimentar de esperanza al mundo.

“La voluntad de Dios y la santísima Eucaristía,

Son mi cielo aquí en la tierra” (Madre Caridad)